Es bastante común leer o escuchar
en quienes ejecutan nuestra disciplina, quejas de todo tipo en torno al
desconocimiento de nuestras labores.
En Chile, esto es común pues la
formación y la ocupación se encuentra asociada a la cartera de educación y no
de Salud Mental (sé que esto ya lo he contado, pero acá no contamos con una Ley
de SM), llevando a los estamentos educativos a tomar la decisión de exigir que
psicopedagogos y psicopedagogas, se licencien en Educación diferencial.
Pros y contras de la situación,
son un debate habitual entre representantes de ambas ramas, debates agotadores
que nunca convergen en Integración y esa, ¡Esa sí que es la peor parte!.
Hoy no hablaré de las diferencias
(la sola palabras diferencias es un tema de post completo), porque me interesa
aclarar que la Psicopedagogía es una especialidad de la salud, específicamente,
de la Salud Mental (SM), que apunta a todas aquellas dificultades de
aprendizaje.
De aprendizaje ya hemos hablado
(y hablaremos con seguridad, muy frecuentemente) y estas Dificultades de
Aprendizaje, en cualquier ámbito, edad y contexto, corresponden en la mayor parte de los casos, a funciones cerebrales específicas en cuanto a rutas específicas del SNC y Periférico (imposible desconocer los contextos).
Nuestra especialidad, por tanto,
se encuentra en reconocer (observar, evaluar, diagnosticar) qué está alterando
una determinada habilidad de aprendizaje.
En el tratamiento podemos rozar
con varias especialidades: Ed. Diferencial, que ajusta contenidos pedagógicos (por
ejemplo, entre otras actividades); kinesiología, que pueden facilitar mejoras
en el aspecto psicomotor; oftalmología; fonoaudiología y muchas otras áreas,
pues una vez se evidencia la problemática, es necesario actuar en consecuencia.
¡Por eso solemos hacer
derivaciones!, porque todas las profesiones humanas pueden ser complementadas
por la psicopedagogía y viceversa.
Esto no significa que dejemos el
caso derivado y nos desentendamos del proceso, todo lo contrario, lo observamos
y vamos permanentemente evaluando las diferentes variables (pros y contras) de
cada una de las medidas tomadas tanto por nosotrs como por el resto de las
especialidades y la familia o grupo de pertenencia, en pro de lograr nuestros
objetivos o, mejor dicho, los “para qué queremos que se desarrolle el
aprendizaje determinado” en cada Potencial Aprendiz (PA).
Entonces, queda preguntarse si es
posible que vivamos quejándonos por las diferencias entre especialidades o, si
no sería muchísimo mejor, quejarnos transdisciplinariamente por la falta de una
legislación acorde al respeto humano fundamental de una Salud Mental integral.
¿Qué piensas tú?
*En el siguiente link, encontrarás información muy relevante, te invito a visitarlo:
Modelos de orientación e intervención psicopedagógica M.Luisa Sanchiz Ruiz
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