La psicopedagogía es muy bonita pero, también, muy necesaria.
Es una especialidad principalmente clínica y se enfoca en la
Salud Mental de las personas que viven procesos de aprendizaje y, gracias a
ella, mejora la calidad de vida de todas las personas que son atendidas: personas
individuales y grupos.
Esta difícil misión es posible de lograr gracias a la
especialización de cada profesional, consistente en identificar con exactitud
cuál es el punto de partida del aprendizaje al que se hace frente. Esto, permite
generar contextos personalizados para “saltar la valla” que existe entre lo que
hoy se sabe, domina o logra autónomamente, con aquella meta que se espera
lograr.
Gracias a conocer con exactitud cuál es el perfil (siempre
único y completamente neurodiverso de aprendizaje) es posible reconocer,
encontrar y desplegar una serie de estrategias que permiten “fluir sanamente”
entre los puntos de inicio y cierre.
Identificar esto es, sin duda, un desafío enorme, porque
presenta grandes dificultades. Por un lado, muchas personas y entidades tienen
arraigada la creencia de que para aprender, solo basta querer…así nace el
fracaso escolar, por ejemplo.
Por otro lado, no existe una gran cantidad de herramientas para
lograrlo de forma simple. Los instrumentos en su gran mayoría (casi la
totalidad) se encuentran completamente obsoletos en forma y fondo. Muchos de
ellos son demasiado antiguos, demasiado largos, demasiado complejos, demasiado
imprecisos…
El desafío más grande es esa extraña confusión de que, por
dar un diagnóstico exacto, se va a generar una “etiqueta” y que el culpable ha
sido el profesional al “poner” esa etiqueta. Es comprensible si miramos atrás
en la historia social, de la escuela especialmente, donde las dificultades para
aprender fueron uno de los grandes focos de hostigamiento social (si es que no
lo sigue siendo aún con su nuevo nombre “bulling”) pero incomprensible si
pensamos que es un deber profesional realizar un diagnóstico exacto.
A modo de ejemplo solemos utilizar el caso de una persona
con problemas de visión: ¿Te imaginas que no se hiciera el diagnóstico exacto? ¿Cómo
trabajas con esa persona? Se dirían cosas como “es que tiene algo a la vista,
parece que es ciego o ve poco pero mejor no le mostremos más imágenes” o, “Es
que no va a aprender nada porque no ve”. Por suerte en la actualidad sí se
puede hacer un diagnóstico exacto de la acuidad visual y determinar qué
problemática y en qué grado afecta y, por tanto, qué tipo de lentes o recursos
son los mejores para convivir diariamente con esta necesidad.
En el proceso de aprendizaje pasa lo mismo. El diagnóstico
nos permite acceder a las mejores estrategias para cada caso: dislexia leve,
profunda, discalculia, dislalia, espectro autista, necesidades socio emocionales,
neurológicas y un largo etcétera de diagnósticos únicos o mixtos.
Por eso la psicopedagogía trabaja con otros profesionales.
Por eso la psicopedagogía no compite: comparte.
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