Neurodiversidad y Psicopedagogía: una conexión casi desconocida.
En
nuestra sociedad nunca habíamos hablado tanto sobre la importancia del
reconocimiento a la neurodiversidad en los procesos de aprendizaje de las personas. No sé porqué no hablábamos de ello con
tanta naturalidad antes pero, sin duda, cada día conocemos mejor los beneficios
de hacerlo.
Soy Psicopedagoga. Mi trabajo y pasión es atender a la neurodiversidad de los aprendizajes. Partí
profesionalmente hace algo más de 10 años, porque quería hacer lo que toda
profesional del área está preparada para hacer: atender a la salud mental de
las personas en sus procesos de aprendizaje a lo largo y en cualquier momento
de su vida, en cualquier contexto educativo.
La
Psicopedagogía estaba aún en pañales todavía en esos años y, aunque me
encantaría que esto ya no pasara, lo cierto es que en términos de acceso, en
Chile lo sigue estando.
Las
familias y escuelas, por ejemplo, aún hoy no pueden acceder a beneficios
gubernamentales en aspectos de atención en la especialidad porque si bien le
correspondería ser reconocida dentro de la cartera de Salud (Específicamente
Salud Mental), la especialidad fue integrada como profesión de la cartera ministerial
de educación[1].
Es
así como me ha tocado vivir y convivir por muchos años con un estigma social
bastante difícil, asociado a que se nos excluye de los espacios de salud mental
porque pertenecemos a otra cartera y solo “reforzamos contenido escolar” pero,
al mismo tiempo, desde los espacios escolares se nos rechaza por no contar con
formación exclusivamente docente[2].
Este
trato es natural y entendible porque sabemos que nuestros antecedentes históricos
son poco conocidos y aunque tengo confianza en que cada espacio donde pueda
contar mi experiencia, servirá para clarificar un poco más, sé que nuestro
escenario de intervención es difícil y que trae muchas complicaciones para
atender efectiva e integralmente a la neurodiversidad tanto en contextos
individuales como grupales.
¡Pero
no todo es tristezas! Sí encontramos a personas, familias y entidades sociales
que validan nuestra convergencia de disciplinas, por lo que cada día me levanto
y hago Psicopedagogía. Es una disciplina de vida y la realizo con tanto amor
como muchos y muchas de mis colegas. Parece que no importa la dificultad,
mientras más aprendo, más formación busco recibir y dar.
No
importa la edad ni el espacio (laboral, grupal, de equipo, familiar, escolar,
individual etc), lo cierto es que se espera que aprendamos cada día. Incluso
debemos aprender a desaprender si queremos seguir siendo funcionales en nuestro
espacio de vida cotidiana pero lo cierto es que cuesta. A veces, cuesta mucho,
porque las principales barreras de acceso no están dentro de una persona, si no
que en un entorno social.
Un
diagnóstico, por ejemplo, puede marcar negativamente a una persona y su familia
a tal nivel que muchos profesionales se niegan a emitirlo porque esperan evitar
de este modo, dar herramientas a la sociedad para “etiquetar” o “estigmatizar”
a una persona.
Esta
realidad parece extrema y lo es. De hecho, incluso es negativa porque si no
sabemos exactamente cuál es la dificultad, no será posible atenderla como
corresponde pero respecto a la crueldad social, aún tenemos todas y todos mucho
que trabajar.
El
diagnóstico psicopedagógico, sin dudas, es fundamental para identificar las
herramientas y procedimientos o estrategias a trabajar con miras a los objetivos
de aprendizaje. No importa el contexto en el que este desafío se presente.
Sabemos
que cada persona es única al momento de adquirir aprendizajes, tanto a nivel
emocional como cognitivo, social, sensorial, madurativo, entre tantos otros.
Sabemos que esto pasa a nivel de grupos humanos también y es por eso que
intervenimos para potenciar el aprendizaje en esos espacios[3].
Reconocer,
aceptar, diagnosticar, trabajar adecuadamente con cada caso particular,
apoyando a las familias, los espacios educativos, empresariales, equipos
humanos de diferentes áreas, comunidades y, por sobre todo, a cada persona en
su singularidad, permite que las sociedades avancen hacia su mejor versión y
eso es, justamente, nuestra misión.
Nadie
está “a salvo” de aprender cada día y eso es hermoso. Si no es hermoso para ti
o alguien de tu entorno, es momento de consultar a tu psicopedagog@ preferid@.
Juntos podemos hacer de este un mundo mucho más amigable con la diversidad de
aprendizajes.
[1] Vásquez, R. A. E. (2018). Antecedentes
históricos en el desarrollo de la Psicopedagogía en Chile. Pilquen-Sección
Psicopedagogía, 15(1), 1-12.
[2] Martínez, R. J. (2020). Neblina
psicopedagógica: propuesta de un nuevo término. Revista
Psicopedagogia, 37(113), 232-242
[3] Carrasco Cursach, J., Espinoza Vásquez,
R., Rivera Estefanía, P., Villegas Gálvez, C., & Flores Silva, C. (2021).
Competencias genéricas de/la profesional psicopedagogo/a*: Análisis
transmetodológico para la actualización del perfil profesional por medio de una
experiencia de investigación acción participativa. Revista
Psicopedagogia, 38(115), 121-132.
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